La pintura como un acto natural

Notas sobre pintura

(Publicado en Ruido, fanzine independiente de La Palma)

Georg Baselitz ”La gran noche en el cubo” 1962/3 Georg Baselitz ”La gran noche en el cubo” 1962/3 Markus Lupertz “Poussin – Apolo III”. 1990. 250 x 200 cms                                  Markus Lupertz “Poussin – Apolo III”. 1990. 250 x 200 cms Ruido Nº14Ruido Nº14El diálogo entre el creador y su obra es una reflexión sobre la creación misma. Tiene mucha importancia el paralelismo que podría establecerse entre el hombre y la naturaleza como creadores, el modo en que se desarrolla el proceso creativo, separado del cálculo, unido a la construcción intuitiva. La pintura también puede ser concebida como un espacio para recobrar la energía primaria de la naturaleza, en la cual creación y destrucción se suceden constantemente en su ciclo evolutivo; de esta manera, la pintura misma se convierte en tema para la reflexión artística. A parte del significado que pueda haber en cualquier obra, hay algo en la pintura que pretende anular la inteligencia, dando apertura a los sentimientos y emociones para llegar al inconsciente; importa tanto lo que nuestro entendimiento capte, como lo que nuestros sentidos sientan.  Somos naturaleza, pero con una sutil diferencia, nuestra mejor y peor arma, la razón, a veces nos impide utilizar una parte de nuestra esencia, la creatividad, y entre creatividad y naturaleza existen lazos muy importantes. Las leyes de la naturaleza contradicen las del ser humano, pero la labor del hombre en el arte puede llevar un camino paralelo a la naturaleza, ambos tienen en común la constante e improbable reinvención del orden. En ambos existe siempre una permanente transformación que hace que los acontecimientos sean iguales y diferentes cada vez, armonía, una repetición a un ritmo complejo. Aunque haya un proyecto concreto, no podemos predecir con exactitud como será, todo depende de mil factores que cambiarán el curso de los acontecimientos. En la pintura, sucede algo parecido, el proceso de transformación de la plástica, puede ser paralelo al de la naturaleza, un proceder concreto que permite trabajar intuitivamente, sin cálculos, “de manera natural”.

En los años 80 en Europa se desarrollaron, casi simultáneamente y en diferentes países, lenguajes pictóricos que tenían en común una apuesta por la vuelta al placer de la pintura. La historia del arte había evolucionado tanto hacia la inmaterialidad del arte y la valoración del concepto, que había apartado el lenguaje de la pintura; características como lo mágico, lo visionario, lo ilusorio y lo subjetivo habían quedado arrinconadas, así que se produce una reacción artística e ideológica que reivindicó recuperar todos estos aspectos. A los pintores con una postura vitalista (influidos por filósofos de este signo como Nietzsche, Foucault, Derida, Gadamer, etc), se les puede considerar como los herederos de esta tendencia. Artistas en general, más ligados a lo sensorial y poético, encontraron el momento histórico que vivieron, adecuado para hacer ver a través de lo pasional y lo romántico, un motivo para reaccionar de manera vitalista ante la situación del mundo y del hombre en general; artistas que han sabido aprovechar la gama artística que le ofrecieron la tradición y la modernidad, haciendo alusiones a la recuperación de la naturaleza como fuente de inspiración, transformando lo cotidiano con un espíritu profundo y enérgico, utilizando la pintura para revelar la tragedia del hombre en el mundo. Pero el territorio más común es el cuerpo; en la posmodernidad es muy importante la intimidad del artista, es un aspecto que se refleja constantemente a través de los autorretratos. También son comunes los territorios relacionados con el paisaje, con la ciudad o con la propia historia del arte o la mitología; pero lo verdaderamente interesante es el hecho de tomar determinados temas casi siempre como excusa para crear. Cuando casi todos los movimientos estaban influidos por la tecnología y la vida del capitalismo, o eran movimientos fríos e inexpresivos, ellos irrumpen con temas que a nadie parecían interesar y los elevan a la categoría de posmoderno mediante sus particulares técnicas salvajes y confusas.                                  

Estos movimientos, han profundizado en las cualidades pictóricas que los definen, desde un diálogo con el pasado, analizando las tradiciones, pero también desde su situación de artistas posmodernos, sin dar la espalda al momento que viven, aunque haciendo frente a los múltiples movimientos que dio la modernidad, en especial a aquellos que surgieron en las últimas vanguardias y que estaban enterrando el lenguaje de la pintura. Sitúan los elementos formales en un nuevo orden, una nueva concepción del espacio, los nuevos conceptos de espacio y orden contemporáneos en los que las imágenes se transfiguran. Se mueven entre la abstracción y una figuración que casi nunca abandonan, rompiendo las barreras entre ellas y derrumbando algunos prejuicios sobre la pintura. Los procesos creativos utilizados son casi personales, pero con una intención clara, la de utilizar el lenguaje de la pintura de un modo espontáneo, salvaje, primitivo, situando las obras formalmente cerca de la abstracción y sin embargo, lejos de ella tras este retorno al placer de la pintura desde la figuración. Expresión de libertad y sentimiento romántico, son dos elementos de un lenguaje singular, el del creador posmoderno y expresionista, cuyo proceso creativo basa su entendimiento en una postura de interpretación negativa, relacionada con conceptos como la improvisación, el accidente y el azar, guiado por el placer desinteresado del pintar, por la libertad de hacerlo, por el acto vitalista de sentir la pintura y por el carácter lúdico del pintar, dejando cabida a la libre subjetividad. Son muy importantes el encuentro con el lienzo y la aplicación de la pintura, prefiriendo el acto de pintar al producto acabado, centrándose en ese proceso mágico que es la conquista del cuadro. Extraen imágenes de diferentes contextos, creando compendios, mezclas de elementos descontextualizados que crean una atmósfera misteriosa; es como si no fueran responsables de los motivos que pintan, sin embargo todo es deliberado. Se podría hablar de un equilibrio entre lo instintivo y lo controlado, de una subjetividad controlada en la que confluye el proceso constructivo y destructivo de la obra. Parece como si, lo que en el Romanticismo despuntaba plásticamente de forma suave y modesta, se hubiera llevado al extremo con estos pintores. Y es que lo romántico puede ser considerado como una categoría estética atemporal, y no solo como momento histórico.

Lo que llamamos realidad, no es sino una descripción del mundo, esto se intenta expresar en la posmodernidad cálida y negativa, la expresiva; se describe la inconsistencia de nuestras descripciones de la realidad y la consistencia de la visión mágica del mundo. El conocimiento y la construcción del mundo, individual o general, no solo puede estar unido a la investigación científica, lo metafísico también juega un papel importante y fundamental en ello. Con la revolución que sufre la figuración, las representaciones se convierten en una visión directa del mundo en el que no hay cabida para la lógica, pero si para los sentidos. Son pinturas consecuencia de una mirada concreta y de una interpretación del mundo producto de un sentir determinado. La realidad se describe desde el interior del hombre, más allá de lo bueno o malo, bonito o feo, un mirar que hemos perdido o quizás se esté perdiendo, por eso es importante que el arte lo siga recordando, estando siempre activo y presente. En los 80 ocurrió con el movimiento neoexpresionista entre otros, pero también hoy este sentimiento hacia la naturaleza y el mundo está muy vivo.

Junio de 2010